Yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos: “Dice Jehová el Señor, el que reúne a los dispersos de Israel: Aún juntaré sobre él a sus congregados”. Isaías 56:7-8.

NUESTRO DESEO ES QUE ESTOS MENSAJES, LO MISMO QUE CADA UNO DE LOS MINISTERIOS Y RECURSOS ENLAZADOS, PUEDAN AYUDAR COMO UNA HERRAMIENTA AL CRECIMIENTO, EDIFICACIÓN Y FORTALEZA PARA LA IGLESIA DE JESUCRISTO EN LAS NACIONES Y SER UN PRACTICO INSTRUMENTO DENTRO DE LOS PLANES Y PROPÓSITOS DE DIOS PARA LA HUMANIDAD. BENDICIONES.

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domingo, 5 de julio de 2015

El llamado pastoral


Mi deseo en este momento es de compartir con la iglesia del Señor Jesucristo, lo referente al perfil que se requiere del ministro que ha sido llamado por parte de Dios a ser pastor, y coloco en este mensaje el estudio que aparece en la Biblia pastoral de las Sociedades Bíblicas Unidas y que me ha marcado de manera importante en mi servicio para el Señor desde hace aproximadamente 15 años. 

A continuación una breve introducción a nuestro estudio de hoy.

La palabra "pastor" encierra un gran simbolismo que habla de la importantísima labor de este noble ministerio: Uno que apacienta. Podemos decir que el ministerio pastoral debe su mayor importancia al hecho de proporcionar cuidado espiritual permanente a los creyentes. La labor complementaria del ministerio pastoral dentro de los dones ministeriales para la edificación del cuerpo de Cristo que es la iglesia. Sin la importante complementación del ministerio pastoral, todo aquel gigantesco esfuerzo de la evangelización habría perdido sus frutos; haciendo vano todo su esfuerzo. En nuestro tiempo, tal como entonces, el ministerio pastoral desempeña una labor tan destacada que ha llegado a ser, por momentos, el pilar más importante de la iglesia.

El ministerio pastoral se destaca por su amor y dedicación especial al cuidado de las almas. El Señor Jesucristo destaca esta característica especial del pastor cuando se identifica así mismo como tal. Veamos: "Yo soy el buen Pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas" (Juan 10:9). La figura o desempeño pastoral de Cristo le sirve de ejemplo y parámetro al ministerio pastoral de la iglesia. Lo anterior es cierto en todas las áreas del que hacer pastoral: Dedicación, esfuerzo, humildad, integridad, amor, benignidad etc.

El Llamado Pastoral: Efesios 4:11-16. "Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros. A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera por todo viento de doctrina, por estratagemas de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado unido entre si por las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para irse edificando en amor."

El llamado es importante para el ministro; por cuanto su trabajo es de carácter espiritual, por ende, debe tener una capacitación espiritual para llevar a cabo su misión de forma efectiva. La capacitación de la que hablamos no puede obtenerse de fuentes humanas; sino por fuente sobrenatural y espiritual. La capacitación espiritual del ministerio pastoral, viene con la impartición de la unción del Espíritu Santo que se da en el llamamiento.

El llamado pastoral

La mies es mucha. Mateo 9:35-38.  Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

Este resumen del ministerio de Jesús y de su enorme compasión por las multitudes resulta muy instructivo, especialmente si recordamos que en aquellos días los síntomas de la religiosidad judía parecían indicar que esta era benéfica para las multitudes. Existían diversos grupos religiosos, grandes multitudes acudían a las celebraciones litúrgicas anuales, en el templo se ofrecían diariamente muchísimos sacrificios y ofrendas, y un considerable número de gentiles o paganos asistía semanalmente a las sinagogas para oír la Palabra de Dios.

Sin embargo, no existía un genuino liderazgo espiritual en la nación. Por eso Mateo dice que Jesús al ver las multitudes tuvo compasión de ellas, porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tiene pastor. Por supuesto, el pueblo judío tenía muchos líderes religiosos, pero carecía de pastores verdaderos. Eran muchos los que se aprovechaban de la fe de las multitudes para su beneficio personal (como el sumo sacerdote que controlaba el lucrativo negocio de las pieles de los animales sacrificados en el templo) y escasos aquellos que servían a sus ovejas, alimentándolas, protegiéndolas y guiándolas en los duros caminos de la vida diaria. Hoy día vivimos una realidad similar y necesitamos pastores que sean como Jesús.

¿Cuáles son las características de un genuino pastor? ¿Qué nos enseña la Biblia acerca de las marcas de un verdadero líder espiritual? ¿Cómo podemos discernir entre aquellos que sirven a Dios y a su pueblo y los que se sirven a sí mismos?

Si examinamos cuidadosamente la enseñanza bíblica con respecto al pastor, encontramos las siguientes características que nos ayudan a delinear su perfil: El origen divino de su vocación, sus cualidades personales, su estilo de liderazgo, la naturaleza y propósito de su ministerio pastoral, los títulos de pastor y la gran responsabilidad ante Dios, propia de este ministerio.

1. El origen divino de la vocación pastoral. Desde el Antiguo Testamento aprendemos que Dios es quien llama a los que le van a servir. Él los escoge y llama por nombre. Ese es el caso de sacerdotes, profetas y reyes. El llamamiento que Dios le hizo a Abraham, Moisés, Isaías, Jeremías y tantos otros personajes bíblicos nos confirma esa verdad (Génesis 12:1-3, Éxodo 3, Isaías 6, Jeremías 1). Cuando Jesús realizó su ministerio público, lo primero que hizo fue llamar a quienes serían sus discípulos y después apóstoles (Mateo 4:18-22, Mateo 9:9); primero los capacitó y luego los envió a realizar su misión en el mundo. Nadie puede servir a Dios, si Dios mismo no le llama y envía.

2. Las cualidades personales de un pastor. El Antiguo Testamento exigía, como un requisito indispensable, que quienes servían a al Dios Santo fueran santos en toda su manera de vivir (Levítico 19:1). Esa santidad tenía que manifestarse en todas las áreas de la existencia: En las relaciones con Dios, con el prójimo e incluso con la creación (Éxodo 20, Deuteronomio 5, Levítico 19). Esa demanda de una vida íntegra para andar con Dios y servirle, se presenta a quienes fueron usados poderosamente por el Señor para cumplir con sus propósitos de bendición, vida y paz para todas las naciones. Abraham (Génesis 17:1), Moisés (Éxodo 3), Josué (Josué 1:1-9), David (2 Samuel 7), Isaías (Isaías 6) y la nación toda de Israel (Éxodo 19:4-6) fueron llamados a vivir santamente, a obedecer, creer y seguir a aquel que los había llamado. Y cuando no lo obedecieron, las consecuencias no se hicieron esperar.

En el sermón del monte (Mateo 5 al 7), Jesús describe el carácter (Mateo 5:1-12), la misión en la sociedad (Mateo 5:13-16), la integridad y la justicia (Mateo 5:17-48), la relación con Dios (Mateo 6:1-18), los valores (Mateo 6:19-7:12) y la obediencia y la entrega (Mateo 7:13-27) de quienes son sus discípulos y han de apacentar a las multitudes sin pastor.

Un énfasis similar encontramos en las llamadas “epístolas pastorales” (Timoteo y Tito) sobre las cualidades morales y espirituales de quienes desean servir al Señor como líderes de su pueblo (1 Timoteo 3 y Tito 1). Aún más importante que las habilidades para hacer realizar tareas, es el carácter e integridad personal de los siervos de Dios; es mas relevante lo que somos que lo que hacemos; se debe buscar sobre todo el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23) y no sólo los dones del Espíritu (1 Corintios 12-14).

3. El estilo de liderazgo del pastor. Jesús, nuestro Señor y Salvador, es el modelo por excelencia del pastor. Su estilo de liderazgo, a diferencia de los líderes de su tiempo y del nuestro se caracterizó por el servicio y la entrega. Cuando sus discípulos mostraron su preocupación y ambición por los puestos más altos y de mayor prestigio en el reino de Dios, Jesús les enseñó que debían escapar de la tentación de un liderazgo modelado según las prácticas de la sociedad, y seguir el modelo de Cristo.

Mateo 20:25-28. La Biblia de las Américas. Pero Jesús, llamándolos junto a sí, dijo: Sabéis que los gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor, y el que quiera entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo; así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.

En otra ocasión, cuando lavó los pies a los discípulos, nuevamente puso de relieve esta enseñanza, apelando a su propio ejemplo y ministerio.

Juan 13:13-17. La Biblia de las Américas. Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y tenéis razón, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. En verdad, en verdad os digo: un siervo no es mayor que su señor, ni un enviado es mayor que el que lo envió. Si sabéis esto, seréis felices si lo practicáis.

Hoy día los pastores necesitamos recordar y practicar esta enseñanza fundamental; lejos de servirnos de las ovejas (Ezequiel 34) somos llamados a servir a Dios, sirviendo a su pueblo y a la sociedad en la que vivimos.

4. La naturaleza del ministerio pastoral. En las páginas de los evangelios descubrimos que el pastor por excelencia, Jesús, realizó un ministerio que correspondía a todas las necesidades del ser humano. Espirituales, mentales y físicas. Su ministerio integral se puede resumir en las palabras de Mateo 4:23. La Biblia de las Américas. Y Jesús iba por toda Galilea, enseñando en sus sinagogas y proclamando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y Mateo 9:35. La Biblia de las Américas. Y Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia.

Todas las necesidades humanas (espirituales, emocionales, psíquicas, físicas) fueron un campo de misión para Jesús. Además el ministerio de Jesús fue personalizado. No solo trataba las multitudes; también le llevó las buenas nuevas a personas que tenían un nombre y una historia personal (por ello sabemos de Nicodemo, Zaqueo, Mateo, la samaritana, el centurión). Las personas no se perdían entre la multitud.

Todo tipo de personas, sin excepción alguna fueron objeto de la compasión y el amor del Jesús. El Señor nunca tuvo favoritos en su ministerio; niños, mujeres, personas marginadas, pobres, pecadores, maestros de la ley, obreros, campesinos y pescadores, ricos y personajes relevantes de la sociedad, todos recibieron un trato personal, afectuoso y transformador de parte de Jesús.

5. El propósito del ministerio pastoral: capacitar a todos los santos. Cuando Pablo en Efesios 4 describe el papel que el ministerio pastoral tiene en los propósitos de Dios, señala claramente que cumple una función clave para el crecimiento y eficaz cumplimiento de la misión de la iglesia en la sociedad y el mundo. Sin embargo, Pablo nos recuerda que el ministerio le pertenece a todos los santos, a la iglesia en su totalidad. Es lo que se ha llamado con toda propiedad el sacerdocio universal de todos los creyentes. De acuerdo con la enseñanza del Nuevo Testamento, ya no existe la distinción entre clero y laicos, entre una clase privilegiada y una élite espiritual y el pueblo. Todos los creyentes somos sacerdotes y ministros de Dios y como tales debemos vivir (Efesios 4:12. 1 Pedro 2:9. Apocalipsis 1:6) El pastor tiene una función especializada que debe cumplir con fidelidad y eficacia.

Efesios 4:11-13. La Biblia de las Américas. Y El dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros,  a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

La tarea de los pastores en las iglesias es la de perfeccionar o capacitar a los santos para que ellos lleven a cabo la obra del ministerio, que en este mismo pasaje se define como la edificación del cuerpo de Cristo. Los pastores deben evitar la tentación de ser el hombre orquesta, que todo lo hace. Ellos deben ser más bien facilitadores y entrenadores que capacitan a otros para realizar con eficacia y fidelidad su labor.

6. El carácter colegiado del ministerio pastoral. Es sumamente interesante notar que casi siempre que en el Nuevo Testamento se menciona a los pastores o ancianos, se habla de ellos en plural. Es decir se da por sentado que en cada iglesia había varias personas que cumplían con el ministerio pastoral. Era un liderazgo colegiado (Hechos 14:23. Hechos 20:17. Filipenses 1:1. 1 Tesalonicenses 5:12-13. Tito 1:5. Hebreos 13:7,17,24. 1 Pedro 5:1-4) Sin duda, este modelo bíblico tiene muchas ventajas prácticas, ya que las exigencias, tareas y responsabilidades de ese ministerio, son atendidas por un grupo de personas con diversos talentos, dones y capacidades.

7. Los títulos del pastor. Los pastores reciben diversos títulos o nombres en el Nuevo Testamento. En los pasajes ya citados (Hechos 20:18ss, Tito 1:5-9. 1 Pedro 5:1-4) a veces se les llama ancianos (en griego presbyteros), otras veces obispos (episkopos), y por supuesto pastores (poimen). Cada título llama la atención a un aspecto de su ministerio. Y estos diferentes títulos se refieren a uno y el mismo ministerio, el de pastor.

Como ancianos, un nombre y oficio ampliamente usado en el antiguo testamento (Éxodo 24, y Números 11:16-17, 24-25), ellos son los líderes del pueblo, elegidos por su edad, experiencia y sabiduría. Son guías y representantes de su gente.

El título de obispo literalmente significa supervisor, el que vela y vigila por el bienestar de quienes están a su cuidado. Hechos 20:28 señala que el Espíritu Santo los ha puesto como tales para velar por la iglesia del Señor, que Él ganó con su propia sangre. Esto, por los peligros que las iglesias enfrentan todo el tiempo.

Pastor es un nombre cuya alusión obvia nos hace pensar en los pastores de ovejas que se encargan de proveerle a su rebaño el cuidado y atención básicos para su asistencia. A diferencia de muchos animales, las ovejas no pueden procurarse por sí solas alimentación, son incapaces de defenderse de sus enemigos, y no tienen desarrollado el sentido de orientación, por lo cual se pierden y extravían fácilmente. Por ello necesitan de pastores. Ellos las guían a donde puedan encontrar comida, las defienden de sus enemigos y las dirigen por el mejor camino.

8. La responsabilidad de los pastores ante Dios. En Hebreos 13:17 se dice que los pastores tienen que rendir cuentas de su labor. 1 Pedro 5:4 señala que cuando aparezca el Príncipe de los pastores estos recibirán la corona incorruptible de gloria. En otros pasajes del Nuevo Testamento se describe a los siervos de Dios como mayordomos que han de rendir cuentas de su mayordomía ante Dios (Mateo 24:45-51, 1 Corintios 4:1-5). Los pastores pueden encontrar en esta enseñanza un enorme estímulo para su labor: si son fieles y responsables, el Señor les recompensará ampliamente. Pero si son negligentes, abusivos y rapaces, el Príncipe de los pastores les dará su merecido.

Como exclama Pablo, uno de los pastores más notables de la iglesia primitiva en 2 Corintios 2:16b. La Biblia de las Américas. Y para estas cosas ¿quién está capacitado? Más adelante, el apóstol comparte la respuesta que Dios mismo le dio en 2 Corintios 12:9-10. La Biblia de las Américas. Y Él me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Pablo aprendió que no era posible llevar a cabo la misión que el Señor le había recomendado, con sus propias fuerzas y recursos (aun siendo una persona extraordinaria). Tuvo que entender que dependía de la gracia y bendición de Dios para realizar un ministerio fructífero. Para finalizar he aquí un consejo de un viejo pastor para todos los pastores que han sido llamados por Dios para servir a su iglesia: 

1 Pedro 5:1-4. Biblia de las Américas. Por tanto, a los ancianos entre vosotros, exhorto yo, anciano como ellos y testigo de los padecimientos de Cristo, y también participante de la gloria que ha de ser revelada: pastoread el rebaño de Dios entre vosotros, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente, como quiere Dios; no por la avaricia del dinero, sino con sincero deseo; tampoco como teniendo señorío sobre los que os han sido confiados, sino demostrando ser ejemplos del rebaño. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, recibiréis la corona inmarcesible de gloria.  Bendiciones.