Yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos: “Dice Jehová el Señor, el que reúne a los dispersos de Israel: Aún juntaré sobre él a sus congregados”. Isaías 56:7-8.

BIBLIA EN AUDIO MP3 REINA VALERA 1960

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HAZ CLIC EN ESTA IMAGEN Y DESCARGA LA BIBLIA VERSIÓN REINA VALERA 1960 EN AUDIO MP3 PARA QUE LA ESCUCHES Y LA REGALES A OTROS. Romanos 10:17. RV1960. Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

La Biblia

Contiene la mente de Dios, la condición del hombre, el camino de salvación, el destino de los pecadores y la bienaventuranza de los creyentes. Sus historias son verdaderas y sus decretos son inmutables. Léela para ser sabio, créela para ser salvo y practícala para ser santo. Contiene luz para guiarte, alimento para sustentarte y consuelo para animarte. Es el mapa del viajero, es el bastón del peregrino, la brújula del piloto, la espada del soldado, el cielo es abierto y las puertas del infierno son descubiertas. Jesucristo es su tema principal, nuestro bienestar es su propósito y la gloria de Dios es su finalidad. Debe llenar la mente, gobernar el corazón y guiar los pasos. Léela con calma, con frecuencia y con oración. Te ha sido dada en la vida, será abierta en el juicio y será recordada para siempre. Incluye las mayores responsabilidades, recompensará los mayores trabajos y condenará a todos los que tratan con ligereza su sagrado contenido.

domingo, 22 de marzo de 2015

El discernimiento bíblico y su importancia.


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En el siguiente texto bíblico nos enseña que es la responsabilidad de cada cristiano poder discernir. 1 Tesalonicenses 5:21-22. Biblia de las Américas (LBLA). Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno; absteneos de toda forma de mal. 1 de Juan 4:1 dice, “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo”. De acuerdo con el Nuevo Testamento, el discernimiento no es una opción para el creyente, es un requisito.

En su definición más simple, el discernimiento es la habilidad de poder decidir entre la verdad y el error, lo bueno y lo malo. El discernimiento es el proceso de hacer distinciones cuidadosas en nuestra mente sobre la verdad. En otras palabras, la habilidad de pensar con discernimiento es sinónimo a la habilidad de pensar bíblicamente.

La falta de discernimiento hace que las personas vivan abrumadas por las deudas, los problemas, los conflictos interpersonales, y además les resulte difícil diferenciar lo bueno de lo malo. Cada vez vivimos más como en la época de los jueces de Israel, cuando “cada uno hacía lo que bien le parecía” Jueces 21:25.

Es por eso que los creyentes necesitamos discernimiento para conocer la verdad y la dirección de Dios en cada circunstancia. El discernimiento consiste en evaluar la información o las situaciones, distinguir las diferencias, pensar en las consecuencias y, por consiguiente, juzgar correctamente. Por nuestra condición humana, carecemos de esta clase de sabiduría, pero el Señor está deseoso de darnos el discernimiento que necesitamos.

El fallar a distinguir entre la verdad y el error deja al cristiano sujeto a la manera de pensar de un falso maestro. La enseñanza falsa nos lleva a un pensar anti-bíblico, que resulta en una vida sin fruto y desobediente. Desafortunadamente, la falta de discernimiento es un área en donde muchos cristianos caen. Muchos no le dan la importancia de probar lo que le están enseñando contra el infalible estándar de la Palabra de Dios. No están armados para tomar una postura bíblica contra el pensamiento y las actitudes anti-bíblicas que enfrentan durante el día.

El discernimiento cruza la vida Cristiana en cada área. La Palabra de Dios nos provee con el discernimiento necesario para toda cosa en la vida. De acuerdo con Pedro, “como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia”. 2 Pedro 1:3.

El discernimiento, que es la habilidad de pensar bíblicamente en todas las áreas en nuestra vida, es indispensable para una vida que realmente agrade a Dios. ¡Es importante que el cristiano desee el discernimiento que Dios le ha provisto por medio de Su verdad preciosa! Sin él, cristianos están en peligro de ser “llevados por doquiera de todo viento de doctrina” Efesios 4:14.

Tomado en un sentido llano, el discernimiento es la acción por la que se busca distinguir, diferenciar, entre dos cosas que por lo general se nos aparecen como buenas.  En el lenguaje coloquial podemos decir que una persona “sin discernimiento” es aquella que toma las cosas a la ligera, que no es capaz de hacer un juicio cabal sobre la realidad ni de actuar consecuentemente.  La falta de discernimiento puede llevar, en este sentido, a actuar sin sopesar bien lo que se hace.

Sin embargo, aquí hablamos de un discernimiento “espiritual”.  ¿Qué significa esto?  Las Sagradas Escrituras nos ofrecen luces valiosísimas para comprender qué significa discernir espiritualmente. Veamos: En una ocasión se acercaron al Señor Jesús unos fariseos y saduceos y, con la intención de ponerlo a prueba, le piden que les muestre una señal del cielo.  Jesús les responde evidenciándoles su capacidad de “leer” el clima observando los signos de la naturaleza: “Ustedes saben discernir el aspecto del cielo”, les dice.  Sin embargo, continúa, “no pueden discernir las señales de los tiempos”.  En buena cuenta lo que Jesús les dice es: son ustedes muy hábiles para discernir el clima, para pronosticar si habrá tormenta a partir de las nubes que hay en el cielo, pero no se han dado cuenta de que están rodeados de signos espirituales (los signos de los tiempos) que hablan de la llegada del Mesías.

También San Pablo en distintas ocasiones exhorta a los cristianos de diversas comunidades a vivir el discernimiento.  Por ejemplo, ante experiencias variadas que se presentaron en la comunidad de Tesalónica, les dice: “Examinen todo y quédense con lo bueno”.  El término “examinar” se traduce también como “discernir” y alude a la misma acción.  Otro pasaje está en la carta a los Romanos, donde Pablo dice: “No conformen su mentalidad a la de este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para poder discernir cuál es la voluntad de Dios; lo bueno, lo que le es agradable, lo perfecto”.

Para poder discernir cuál es la voluntad de Dios, cuál es su Plan de amor para nosotros, San Pablo nos dice que es fundamental que nos transformemos interiormente según el “hombre nuevo” que es Cristo.  La renovación de la mente a la que alude el Apóstol Pablo no se produce tanto por la acción de una ley externa sino que comienza en el interior del hombre, por la íntima iluminación del Espíritu Santo que nos hace capaces de distinguir el bien del mal y de seguir el camino del bien.  A eso nos referimos cuando hablamos de un discernimiento espiritual.  Se trata de una acción que no sólo se realiza desde nuestro interior sino que además debe hacerse siempre en presencia y bajo la acción del Espíritu de Dios.

A la luz de lo dicho, el discernimiento espiritual podríamos definirlo como un ejercicio interior que nos lleva a examinar y distinguir qué situaciones, personas o cosas nos ayudan a seguir el Plan de Dios y cuáles por el contrario nos apartan de él.  De esta forma, abiertos a la acción del Espíritu Santo que nos ilumina y nos impulsa, podremos darle a nuestra vida una orientación que nos lleve a la felicidad verdadera. El discernimiento espiritual nos ayudará entonces a ir ganando esa sabiduría, esa “ciencia” de la que habla San Pedro.  Al discernir espiritualmente buscamos iluminar una situación concreta de nuestra vida con la luz de la fe, de manera que la elección que hagamos vaya por el camino del amoroso designio de Dios que busca el mayor bien para nosotros.
¿Qué cosas nos dificultan el discernimiento espiritual?
Todo aquello que nos aleje de la vida en el Espíritu se convierte en obstáculo para un buen discernimiento espiritual.  Es responsabilidad de cada quien identificar en su interior los propios obstáculos para un recto pensar y un recto obrar: Terquedad, impaciencia, soberbia, autosuficiencia, pereza mental, o cualquier otro.

Vamos a detenernos aquí en tres obstáculos que nos parecen relevantes: El subjetivismo, la soberbia y los escrúpulos.

El subjetivismo: Este vicio de aproximación a nosotros mismos y a la realidad nos dificulta examinar y discernir a la luz del Plan de Dios el mundo que nos rodea, los acontecimientos de nuestra vida y las opciones que debemos tomar.  Mientras más se acentúa mayor será la tendencia a considerar que uno es el centro de todo y a juzgar desde esa premisa.  Para evitar el subjetivismo es también particularmente importante al discernir, no dejarnos llevar por emociones o por aquello que nos genera una mayor resonancia sentimental.  Ciertamente no se trata de obviarlos, pero sí de reconocer con humildad su justo lugar y que en algunos casos pueden afectar nuestra objetividad.

Igual atención, a un nivel quizá más espiritual, merece el combate contra la soberbia.  Cuando la soberbia se afinca en la mente y en el corazón resulta muy difícil dar cabida a las mociones e iluminaciones del Espíritu Santo que podrían estar indicándonos el camino a seguir.  Si estamos “llenos de nosotros mismos” difícilmente podremos discernir a la luz del Espíritu.  Seremos, al igual que los fariseos y saduceos del Evangelio, ciegos a los “signos” con los que Dios nos manifiesta su designio.

También es una dificultad la excesiva meticulosidad que podría llevarnos a convertir el discernimiento espiritual en una especie de agotador y excesivo examen de todos los detalles de nuestra vida.  Si esto sucede podría ser que estemos cayendo en escrúpulos.
Los escrúpulos impiden vivir ese espíritu de libertad que el Espíritu Santo regala a los que viven bajo su impulso.  San Francisco de Sales es enfático en recomendar que el discernimiento debe aplicarse especialmente a asuntos de importancia, tales como la elección de vocación, decisiones que puedan afectar el curso de nuestra vida o que revisten cierta gravedad, asuntos serios de nuestra vida espiritual.  En cuanto al resto, recomienda «hacer libremente lo que nos parece bueno, para no cansar nuestro espíritu, no perder el tiempo y no ponernos en peligro de inquietud, de escrúpulos y de supersticiones» pues «en las acciones menudas y diarias, en las cuales la falta misma no es de consecuencia irreparable, ¿qué necesidad hay de mostrarse como si estuviera uno cargado de ocupaciones, lleno de atenciones y dificultades, y obligado, por tanto, a hacer importunas consultas?».

De lo que se trata es, pues, de discernir a la luz del Plan de Dios las realidades de nuestra vida que lo ameriten y caminar en la dirección que él nos señala, cooperando así desde nuestra opción fundamental con la acción de Dios que nos llama, nos sostiene y nos impulsa.  ¿Cómo hacerlo?  Veamos algunas cosas que nos pueden ayudar a discernir mejor.
¿Qué cosas nos ayudan a vivir mejor el discernimiento?
Ante todo, el empeño por ser personas espirituales, es decir, que buscan vivir en el Espíritu y según el Espíritu.  De esa sintonía espiritual brota una cierta con naturalidad que nos permite discernir el Plan de Dios en situaciones concretas desde la iluminación de la fe y seguirlo con docilidad.  Como dice San Pablo, «si vivimos por el Espíritu, dejémonos conducir por el Espíritu». En ese sentido la oración es un medio privilegiado para ser hombres y mujeres espirituales.  En la oración el Señor nos encuentra más receptivos y dispuestos a escuchar su voz y las mociones del Espíritu Santo que nos guían hacia la verdad.  En la oración encontraremos el espacio propicio para un recto discernimiento.

¿Por qué necesitamos discernimiento?

Para reconocer la voz de Dios. Con el fin de descubrir y cumplir el plan que Él tiene para nuestras vidas, tenemos que ser capaces de escuchar su voz. Supongamos que usted le pide que le guíe a tomar una decisión. Cuando le llega una sensación de dirección, ¿puede saber si viene de Dios o de su propia mente? Si usted busca el consejo de un hermano en la fe, ¿es capaz de determinar si el Señor le está hablando por medio de él? Sin discernimiento, usted no sabrá nada a ciencia cierta y, como resultado, podría seguir malos caminos en la vida.

Para comprender la voluntad de Dios. Aunque la Biblia habla claramente de cómo vivir, no se refiere específicamente a cada situación. Por ejemplo, usted no puede encontrar un versículo que le diga con quién casarse o si debe cambiar de empleo. Pero esto no significa que los principios bíblicos no estén relacionados con todas las decisiones que tendrá que tomar. El Espíritu Santo que habita en nuestro interior, está allí para guiarnos de modo que sepamos bien cómo poner en práctica la Palabra de Dios.

Para tomar decisiones sabias. Cada día está lleno de decisiones, algunas intrascendentes, y otras capaces de cambiar una vida. La persona necesitada de discernimiento,  a menudo hace las cosas mecánicamente, sin reconsiderar sus decisiones y pensar en el resultado futuro de sus acciones. Por ejemplo, cuando usted está comprando, ¿se detiene a considerar la carga económica de una compra impulsiva?

Para distinguir lo bueno de lo mejor. No todas las decisiones son una elección entre lo que está bien y lo que está mal. A veces, lo único que necesitamos saber es cuál es el camino a seguir. El Señor no quiere que, como cristianos, vayamos cojeando por la vida; desea que florezcamos en la plenitud de su voluntad. Cada día nos enfrentamos a decisiones que marcan nuestro rumbo de una manera u otra. La única manera de tomar decisiones alineadas con la voluntad de Dios, es buscar la mente de Cristo en cuanto a nuestros asuntos.

Para distinguir la verdad del error. Otra razón por la que necesitamos un espíritu de discernimiento es para reconocer los engaños. Mucho de lo que vemos y escuchamos se basa en una perspectiva influenciada por el mundo y por Satanás, el padre de mentira. Hasta nuestros sistemas educativos están plagados de errores. En la escuela primaria se enseña que somos producto de la evolución, y en las universidades adoctrinan con ideas ateas.

Para evitar ser engañados por el pecado. Gálatas 6.7 dice: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. El pecado es engañoso, y al final solo produce una amarga cosecha. Los placeres de la vida nos son dados por Dios, pero somos tentados a ir más allá de los límites que Él ha fijado. Por tanto, debemos considerar las consecuencias que nos esperan, y recordar las bendiciones de la obediencia.

Para distinguir entre el legalismo y la libertad. Las convicciones personales no siempre son mandatos para todos los creyentes. La Biblia es clara en cuanto a las normas de Dios, pero el Señor también pone en el corazón de cada persona normas que la protejan de acuerdo a sus fortalezas y debilidades. Por eso, cada vez que alguien le presione para adoptar una norma, debe saber distinguir si se trata de un mandamiento bíblico, o de una preferencia personal.

Para comunicarnos con otros. Quizás el área en que más necesitamos discernimiento es en la esfera de las relaciones. Es más fácil leer entre líneas en un libro, que entender realmente a otra persona. Recordemos que discernimiento es ver la realidad que está debajo de la superficie o apariencia exterior. Esto significa que escuchamos no solamente lo que alguien dice, sino también lo que no dice. El discernimiento es vital para determinar si alguien está diciendo la verdad, pero es también importante en nuestros esfuerzos por ayudar a otros cuando están necesitados de palabras de aliento.

Cómo adquirir discernimiento.
El discernimiento espiritual es un don de Dios. No es algo que podemos fabricar nosotros mismos, sino una cualidad que desarrollamos cuando nos mantenemos firmes en la oración y en la lectura de la Biblia. Cuando más tiempo pasemos comunicándonos con el Señor, y llenando nuestra mente con sus pensamientos, más discernimiento tendremos. El objetivo es dejar que su Espíritu nos guíe en todo momento. Para que sea así, tenemos que vigilar lo que permitimos que entre a nuestra mente. La manera de pensar del mundo doblegará al discernimiento espiritual si pasamos dos o tres horas viendo la televisión, y apenas diez minutos leyendo la Biblia.

Por la presencia continua del Espíritu Santo en nosotros, nunca tenemos que tomar una decisión solos, o confiar en nuestros limitados recursos. Él está siempre con nosotros para guiarnos a toda verdad, y para recordarnos las palabras de Cristo (Juan 14:26; Juan 16:13). Pero tenemos la responsabilidad de poner la palabra de Dios en nuestra mente, para que Él pueda hacer que la recordemos.

El momento para comenzar a desarrollar discernimiento es ahora mismo. Usted no puede permitirse esperar hasta que enfrente una decisión crítica. El buen juicio se produce en la medida que nuestros sentidos son ejercitados en el discernimiento del bien y el mal. Hebreos 5.14. La Biblia de las Américas (LBLA). Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal.

Comience hoy, dedicando tiempo a la oración y llenando su mente con la Palabra de Dios. Pídale al Señor que le guíe, y hasta donde pueda, haga lo que crea que Él le está diciendo.

El Espíritu nos hablara en sueños, visiones y palabras proféticas, pero mucho de lo que será revelado realmente pasara por medio de nuestra capacidad de percibir correctamente. Las escrituras nos dicen que El Señor Jesús percibía los pensamientos de los hombres “en Su Espíritu”. Lo mismo es con nosotros, si nos movemos en el discernimiento divino, nuestra percepción de la vida debe ser purgada de todo pensamiento humano y sus respectivas reacciones. Para discernir, no podemos juzgar.

El comienzo o raíz de un verdadero discernimiento no será establecida hasta que no crucifiquemos nuestros instintos de juzgar. Esto nos toma muchos meses, usualmente años de desenraizar todo el sistema de pensamiento que no ha sido plantado en el suelo fértil y divino de la Fe y el Amor por el prójimo. Para apropiarnos del discernimiento que está en la “mente de Cristo”, 1 Corintios 2:16. “Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.”, nosotros debemos primero encontrar el corazón de Cristo. Podemos ver que el corazón y amor del Señor Jesús esta resumido en sus propias palabras en Juan 12:47. “Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.”

El discernimiento espiritual es ver donde no se puede ver. Este es un don del Espíritu para percibir lo que está en el espíritu. Su propósito es mirar dentro de la naturaleza de lo que es velado o tiene velo. Pero tengamos en cuenta que para que podamos discernir, el primer velo que hay que remover es el de nuestros corazones. Primero, debemos mirarnos a nosotros y medir nuestras necesidades de develar o quitar el velo. La capacidad que tenemos de ver lo que es externo viene de la revelación que Cristo nos da de ver lo que está al interior. El Señor Jesús necesita que entendamos nuestras propias necesidades de su misericordia, para que de la gracia que hemos recibido, nosotros compasivamente podamos ministrar a otros. En este proceso nos daremos cuenta del egoísmo y depravación de nuestra naturaleza carnal. Además, nos daremos cuenta que el don de discernimiento no es una facultad de nuestras mentes.

Debemos ser conscientes que la meta del Señor es salvar, no juzgar. Estamos llamados a navegar, si me lo permiten decir así, la delgada y bien escondida senda dentro de la verdadera naturaleza de necesidad del hombre. Si usted verdaderamente va ayudar a los hombres, debemos recordar, nosotros estamos siguiendo es a un Cordero. Este fundamento debe quedar muy claro, dado que si usted quiere discernir, usted no puede reaccionar.

Debemos andar con el poder del perdón que solo Dios nos da, si no tendremos mucha decepción y presumiremos que tenemos discernimiento, cuando en verdad estamos viendo por medio de un “espíritu de crítica”. Debemos conocer nuestras debilidades, porque si estamos ciegos a nuestros pecados, para cuando asumamos que hemos discernido algo de alguien no sea el reflejo de nosotros mismos. Además, claramente si no nos manejamos en amor seremos una amenaza para el cuerpo de Cristo, miremos lo que El Señor nos enseñó.

Mateo 7:1-5. “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.”

Hemos podido leer como El Señor Jesús paralelamente cuando hablaba con las personas sobre sus pecados les quitaba la paja de sus ojos. Los ojos son la parte más suave y sensitiva del cuerpo humano, pregunta: ¿Cómo quitaremos la paja de los ojos de alguien? Respuesta ¡CON MUCHO CUIDADO! Primero debemos ganar su confianza. Esto quiere decir demostrando una actitud que no juzga y que no condenara instintivamente. Para ayudar a las personas debemos ver claramente. Debemos ver claramente cuando la visión de una persona está siendo obstruida, para desarrollar confianza y luego sacarle la paja del ojo con cuidado, sin juzgar o condonarla.


Si estamos buscando un corazón que no condena y si verdaderamente crucificamos el instinto a juzgar, hemos puesto un verdadero cimiento para el don del discernimiento y así hemos preparado el corazón para recibir sueños, visiones y las revelaciones de Dios. Además, empezaremos a caminar sin corrupción y sin mancha de las mañas del mundo.