Nuestro deseo es que cada uno de los mensajes, así como cada uno de los ministerios y recursos enlazados, pueda ayudar como una herramienta al crecimiento, edificación y fortaleza de cada creyente dentro de la iglesia de Jesucristo en las naciones y ser un práctico instrumento dentro de los planes y propósitos de Dios para la humanidad. Cada mensaje tiene el propósito de dejar una enseñanza basada en la doctrina bíblica, de dar una voz de aliento, de edificar las vidas; además de que pueda ser adaptado por quien desee para enseñanzas en células o grupos de enseñanza evangelísticos, escuela dominical, en evangelismo personal, en consejería o en reuniones y servicios de iglesias.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Jesucristo poder y sabiduría de Dios para todo aquel que cree en el°


Para aquéllos llamados por Dios, la cruz de repente tiene sentido. Lo que parecía una locura cuando estábamos afuera mirando hacia dentro, de repente se aclara al mirarlo desde dentro. Podemos ver que la cruz no es una tontería, sino la fuerza y la sabiduría de Dios. Es fuerte porque tiene el poder de salvar. Es sabia porque la muerte de Cristo en la cruz dice más claro que nada que el amor de Dios para nosotros no tiene límites.

1 Corintios 1:18-31. RVR10960. Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.     

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Vamos el contexto de esta porción de las Escrituras: Corintio era una ciudad importante y abundante en el istmo (una franja estrecha de tierra) que separa el norte del sur de Grecia. El Apóstol Pablo pasó allí 18 meses durante su Segundo Viaje de Misionero y fundó allí una iglesia. Hechos 18 relata la obra de Pablo en Corintio durante ese tiempo en bastante detalle. Al terminar su visita a Corintio, Pablo se marchó para visitar Éfeso, Jerusalén, Antioquía, y Galacia (Hechos 18:18-23). Después de salir de Corintio, Pablo escribió una carta a los cristianos en Corintio avisándoles, “no os envolváis con los fornicarios” (5:9), pero esa carta se ha perdido.

Pablo escribe esta carta para responder a un informe de la gente de Cloé sobre los problemas existentes en la iglesia de Corintio (1:11). En esta carta, Pablo se dirige a estos problemas por medio de enseñanza apostólica. El primer problema se trata de las divisiones en la iglesia, al cual se dirige en versículos 10-17 y del que hablará en más detalle en capítulo 3.

Ahora Pablo vuelve su atención a la cruz de Cristo. Con la cruz surgen preguntas para ambos judíos y griegos (gentiles). Corintio es una ciudad griega, pero tiene una población judía bastante grande. Mientras vivía en Corintio, Pablo trabajó con judíos y griegos, y ambos estaban representados en la iglesia corintia. La cruz de Cristo parecía una tontería para los judíos, que esperaban un Mesías fuerte y poderoso y para los griegos, que ponían mucho valor en la sabiduría humana (griego: sophia). Para los judíos, la cruz reflejaba debilidad, no fortaleza. Para los griegos, la cruz parecía un sinsentido, algo que no representaba sabiduría. En estos versículos Pablo responde a estas dos maneras que ellos tienen de ver la cruz.

“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden” (v. 18a). Este versículo introduce el resto del capítulo, donde Pablo contrasta la sabiduría del mundo (sabiduría humana) con la sabiduría de Dios, cuya máxima expresión se encuentra en la aparente tontería de la cruz de Cristo. Para los que se enorgullecen de su sabiduría, la cruz parece una tontería, un sinsentido. ¿Por qué mandaría Dios a su Hijo a morir en una cruz? Según los estándares de sabiduría humana, esto no tiene sentido. Pero sabiduría humana, por atractiva que parezca en la superficie, no tiene el poder de salvar. No importa cuán importante sea, la gente que solo depende de sabiduría humana perece. Son como personas cuyo barco se ha hundido en medio de un gran océano. Aunque sean nadadores olímpicos, ninguno de ellos podría llegar a la orilla por sí mismo. Necesitan un bote salvavidas o, mejor aún, un barco para salvarles. La mayor tontería para ellos sería rehusar la ayuda de un barco que acude a ayudarles.

“Mas a los que se salvan, es a saber, a nosotros, es potencia de Dios” (v. 18b). Los que han sido salvados han reconocido su propia impotencia y la potencia de Dios. Aceptan que no pueden vencer el pecado que amenaza con dominar sus vidas, y han aprendido a confiar en la gracia de Dios. Esta gracia se manifestó plenamente en la cruz de Cristo, cuando Cristo no solo oró para que Dios perdonase a los que le crucificaron, pero también abrió las puertas del perdón para todos que creyeran en él. La cruz, entonces, que puede parecer una tontería para aquéllos que se hunden en sabiduría humana, es realmente el instrumento que salva a los a los que creen en su nombre.

“Porque está escrito: Destruiré la sabiduría (sophia) de los sabios, y desecharé (atheteo) la inteligencia (synesis) de los entendidos” (synetos) (v. 19). Corintio es griego, y los griegos de la antigüedad estaban muy orgullosos de su sabiduría y de sus grandes filósofos, Sócrates, Platón, y Aristóteles. La palabra filosofía viene de dos palabras griegas, phileo, que significa “amar” y sophia, que significa “sabiduría.” Los griegos aman la sabiduría y se enorgullecen de su sabiduría y entendimiento.

Pero Pablo cita al profeta Isaías para decirle a la iglesia corintia que Dios, “hará perecer la sabiduría de los sabios” y hará desvanecer el discernimiento de los que disciernen. La cita viene de Isaías 29:14b, donde dice: “porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la prudencia de sus prudentes.” La sabiduría humana (sophia) y el discernimiento (synesis: entendimiento) tienen raíces en disciplinas como la historia y las ciencias. Estas disciplinas prometen iluminarnos para que nuestro futuro brille más que el pasado.

Este tipo de sabiduría nos trae verdadera esperanza. Disfrutamos de una buena calidad de vida, con fontanería y calefacción y automóviles. Estas cosas hubieran sido la envidia de príncipes y reyes de las generaciones anteriores. Nuevas técnicas de perforación nos permiten extraer petróleo de lugares que hasta hace solo una década, hubieran sido inaccesibles. La tecnología moderna hace posible que encontremos terroristas antes de que puedan atacar. La medicina moderna hace posible que vivamos más tiempo y libres de dolor.

No obstante, lo que que hemos aprendido de la historia y las ciencias no nos ha traído verdadera seguridad. Nuevas soluciones a menudo crean problemas que antes no teníamos. No nos hemos acercado más a la solución del problema del mal de lo que estaban nuestros antepasados hace mil años. Destapar los secretos del átomo nos ha dado energía barata pero, al mismo tiempo, ha creado montañas enormes de desperdicio nuclear y nos ha dado razones para temer la aniquilación. Todavía hay guerras y comienzos de guerras.

Tiranos siguen dominando naciones grandes y pequeñas alrededor del mundo. Nuestras armas sofisticadas nos dan una ventaja temporánea sobre nuestros enemigos, pero a menudo son obstruidas por tecnologías primitivas y de bajo coste. Comodidades como la calefacción, el aire acondicionado, y los automóviles han salido gracias a los recursos preciosos de la tierra y han contaminado el aire. Hasta la medicina moderna nos ha traído problemas.

Entonces Dios (por medio de Isaías y Pablo) dice, “Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé la inteligencia de los entendidos.” ¿Podemos dudar que Dios haya hecho exactamente eso? No es que venga para destituirnos cada vez que avanzamos un paso. En cambio, parece que ha ideado una ley de la naturaleza tan real como la gravedad, que la sabiduría humana es siempre finita y que a menudo crea más problemas de los que resuelve.

“¿Qué es del sabio (sophos)? ¿qué del escriba (grammateus)? ¿qué del escudriñador (suzetetes) de este siglo (houtos ho aion)? (v. 20a). Pablo continúa su argumento con algunos ejemplos de gente conocida por su sabiduría:

En el libro de Romanos, Pablo dice que Dios se ha revelado para que hasta los malvados le puedan ver claramente. No obstante, muchos prefieren ignorar esta revelación. No honran a Dios, “Diciéndose ser sabios, se hicieron fatuos, y trocaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, y de aves, y de animales de cuatro pies, y de serpientes” (Romanos 1:22-23). ¿Cómo puede una persona que adora ídolos de madera o de piedra presumir de ser sabio?

“Agradó  a Dios salvar á los creyentes por la locura de la predicación” (kerygma) (v. 21b). Dios, en su sabiduría, decidió revelarse a sí mismo, no por medio de sabiduría humana, sino por la aparente tontería de la predicación (kerygma). La kerygma del Nuevo Testamento se puede resumir en “la proclamación de la muerte, la resurrección, y la exaltación de Jesús que elevó Su persona como ambos Señor y Cristo (confrontando) al hombre con la necesidad del arrepentimiento y (prometiendo) el perdón de los pecados”. Por lo tanto, el kerygma se centra en la muerte, resurrección, y ascensión de Jesús. Es por medio de estas acciones que Dios redime al mundo.

La cruz de Cristo no tiene sentido para aquéllos que rehúsan creer. ¿Por qué mandaría Dios a su Hijo a morir en una cruz? ¿Por qué no enviarle encabezando un ejército? ¿Por qué no enviarle con poderes mágicos para resolver todo? La respuesta, claro, es que aunque Dios quiere salvar el mundo, lo quiere hacer ganándose a la gente en lugar de coaccionándola. Quiere que seamos libres para escoger.

“Porque los Judíos piden señales” (v. 22a). Exigir señales es un tipo de idolatría. Exigir una señal es insistirle a Dios que se demuestre. Es insistir que Dios calme nuestras dudas y que lo haga de nuestra manera. Jesús obró milagros, pero no necesitaba de aquéllos que pedían señales (Mateo 16:1-4; Juan 2:23-25; 4:48).

Pablo dice que los judíos piden señales, pero personas de todo tipo piden señales y milagros. Algunos exigen milagros médicos. Otros esperan que Dios les encuentre un lugar donde estacionar el coche en una ciudad llena de gente o un nuevo trabajo o cualquier cosa que necesiten en ese momento. Quieren que Dios sea su botones, un sirviente que haga lo que quieran.

“Y los Griegos buscan sabiduría” (v. 22b). Como se anota arriba, los griegos premiaban su sophia (su sabiduría) sus filósofos (su sofisticación). Esta es la tentación a la que los griegos son más susceptibles, pero su sabiduría no tiene el poder de salvar.

De nuevo, debemos anotar que hoy nosotros estamos tentados de la misma manera. A menudo nos dejamos convencer por gente que parece sabia pero que solo resulta ser gente charlatana. Muchas veces somos convencidos por diferentes expresiones de sabiduría humana. Nos impresionan mucho los títulos académicos. Desmantelamos demasiado pronto nuestras defensas al oír, “estudios científicos revelan…”

La crucifixión era una manera de morir cruel y vergonzosa. Los romanos guardaban la crucifixión para los peores ofensores. Una crucifixión pública estaba diseñada para inspirar miedo y odio. Entonces, no es sorprendente que los judíos vieran la crucifixión de Cristo como un tropiezo y que los gentiles la vieran como una tontería un error llevado al nivel más alto. Pero Cristo crucificado es lo que Dios nos dio.

Para aquéllos llamados por Dios, la cruz de repente tiene sentido. Lo que parecía una locura cuando estábamos afuera mirando hacia dentro, de repente se aclara al mirarlo desde dentro. Podemos ver que la cruz no es una tontería, sino la fuerza y la sabiduría de Dios. Es fuerte porque tiene el poder de salvar. Es sabia porque la muerte de Cristo en la cruz dice más claro que nada que el amor de Dios para nosotros no tiene límites.

“Porque lo loco de Dios es más sabio que los hombres; y lo flaco de Dios es más fuerte que los hombres” (v. 25). La cruz es sabia y fuerte por ser iniciativa de Dios. Dios es sabio y fuerte, entonces, cualquier iniciativa que viene de la voluntad de Dios viene de su sabiduría y tiene un gran efecto. Esto no se puede decir de las confabulaciones humanas que proceden de nuestro entendimiento limitado y que a menudo no logran su propósito. Pero para muchos es difícil ver esto. Han invertido en su sabiduría o fuerza personal y no encuentran una razón en su corazón para fiarse del plan de salvación de Dios.

Pablo, como hombre sumamente educado y como apóstol, claramente es superior a ellos en todo sentido, pero se dirige a los cristianos corintios como hermanos y hermanas. La tierra al pie de la cruz es plana. Aunque los cristianos corintios reconocen la autoridad de Pablo como apóstol y aprecian su papel como fundador de la iglesia en Corintio, también necesitan entender que son sus hermanos y hermanas cristianos, no sus súbditos.

Pablo dice que Dios llamó a estos cristianos corintios por su origen y estatus humilde. Dios no les llamó porque eran sabios o fuertes o de noble linaje. Dios no necesitaba que fueran sabios y poderosos porque Dios es sabio y poderoso (v. 24b). Dios les ha pedido que se unan a él, y de esa manera hacerse sabios, poderosos, y nobles por medio de su relación con él.

“Antes lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo flaco del mundo escogió Dios, para avergonzar lo fuerte” (v. 27). Dios no necesitaba que estos cristianos corintios fueran sabios, poderosos, o miembros de la nobleza. Les escogió a propósito porque no eran ninguna de esas cosas. Si hubieran estado entre “los sabios” del mundo, gente les hubiera dado crédito a ellos y no hubiera reconocido la mano de Dios obrando en sus vidas.

Pero ya que los cristianos corintios son gente común y corriente, nadie sería distraído por su inteligencia o talentos excepcionales. Cuando Dios les hizo personas de sustancia y profundidad espiritual, es probable que nadie pudiera ignorar la mano de Dios obrando en ellos. Entonces Dios, en su sabiduría, escogió los insensatos y débiles para avergonzar a los sabios y fuertes. Nadie será distraído por la presencia importante de los corintios, porque no son importantes. Si algo bueno ocurre en sus vidas, gente asignará a Dios la gloria y será atraída al Dios que hace cosas maravillosas para gente tan marginada.

“Y lo vil del mundo y lo menos preciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es” (v. 28). Dentro de nosotros hay algo que disfruta ver desinflarse el ego de alguien que se cree mucho. No nos gusta la gente arrogante que piensa muy bien de sí misma y muy mal de los demás.

En varias ocasiones, Jesús nos dijo que los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros (Mateo 19:30; 20:16; Marcos 10:31; Lucas 13:30)  y “cualquiera de vosotros que quisiere hacerse el primero, será siervo de todos” (Marcos 10:44). “Para que ninguna carne se jacte en su presencia” (v. 29). Al seguir leyendo esta carta, queda claro que estos cristianos corintios tienen poco de que jactarse. Su iglesia está plagada de divisiones (capítulo 3). Son culpables de ignorar la inmoralidad sexual a su alrededor (capítulo 5). Se demandan unos a otros con pleitos (capítulo 6). Se han comportado mal durante la Última Cena del Señor (capítulo 11).

Dios pide que pongamos nuestros cimientos en él para poder andar con confianza, no gracias a nuestras propias habilidades, pero gracias a su poder y a nuestra relación con él. De la misma manera, encontramos fuerza en la presencia de Dios. Al hacerlo, no tenemos nada de que jactarnos, porque es la fuerza de Dios y no la nuestra la que provee una fundación sólida en nuestras vidas.

“Mas de él sois vosotros en Cristo Jesús” (v. 30a). El griego dice de ex autou humeis este en Christos. Una traducción literal sería “Pero es por Él (Dios) que estáis en Cristo Jesús.” Fue la iniciativa de Dios que impulsó a estos cristianos corintios a tener una relación con Cristo Jesús. Estar “en Cristo” significa una relación con Cristo Jesús que abarca todo, una relación que tiene el poder de salvar. Esta relación incluye justificación como don de Dios en lugar de ser un logro personal. Esto nos iguala al pie de la cruz, por eso “no hay siervo, ni libre; no hay varón, ni hembra.” Cuando estamos “en Cristo,” no hay lugar para jactarse ya que todos hemos recibido el mismo don.

“El cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría” (v. 30b). El Evangelio de Juan empieza con estas palabras: “En el principio era el Verbo (griego: logos), y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1). Nos hacemos sabios en espíritu al absorber las verdades que Jesús vino a revelarnos. Ahora, en esta carta a la iglesia en Corintio, Pablo dice que Jesús “ha sido hecho por Dios sabiduría.” Era la encarnación de Dios y su sabiduría.

“Y justificación (dikaiosyne), y santificación (hagiasmos), y redención” (apolytrosis) (v. 30c). Cada una de estas palabras tiene un significado importante:

Justificación (dikaiosyne): Esta palabra tiene raíces en el Antiguo Testamento, y aparece frecuentemente en la versión griega del Antiguo Testamento, tanto como en el Nuevo Testamento. En ambos, significa el encuentro entre altos estándares éticos y el ser encontrado inocente. Su uso bíblico, sin embargo, va más allá de eso, porque justificación es posible solo por medio de un de pacto con Dios. Esta relación de un pacto (y la justificación que se deriva de esa relación) es don de Dios.

Santificación (hagiasmos): Esta palabra tiene que ver con hacer santa a una persona. Se relaciona estrechamente con la palabra hagios, que generalmente se traduce como “santo” en el Nuevo Testamento. La santificación también es don de Dios. Nosotros mismos no somos capaces de hacernos santos.

Redención” (apolytrosis): La redención incluye la liberación de un cautivo, generalmente por medio del pago de un rescate. Ley levítica requería que los israelitas pagaran (redimieran) por un miembro de la familia que se había visto forzado a vencerse a la esclavitud (Levítico 25:47-49). También requería que compraran (redimieran) tierra familiar que había caído en manos de otros a causa de la pobreza (Levítico 25:25,33). El Nuevo Testamento presenta la muerte de Jesús en la cruz como una obra que redime la humanidad para “dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). Pablo habla de “la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24). Nos dice que “tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia” (Efesios 1:14) y que Jesucristo es “en el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados” (Colosenses 1:14).

Entonces, Pablo dice que además de ser sabiduría de Dios en nuestro propio entorno, Jesucristo también encarna justificación, santificación, y redención a nuestro alrededor. Hace posible que nosotros seamos justos, santos, y redimidos.

Somos culpables, destinados al justo castigo; pero, es hecho justicia, nuestra gran expiación y sacrificio. Somos depravados y corruptos; Él es hecho santificación, la fuente de nuestra vida espiritual: de Él, la Cabeza, es dada a su cuerpo por su Espíritu Santo. Estamos esclavizados, y nos es hecho redención, nuestro Salvador y Libertador. Donde Cristo sea hecho justicia para un alma, también es hecho santificación. Nunca absuelve de la culpa del pecado sin liberar de su poder; es hecho justicia y santificación, para que, al final, sea hecho redención completa; pueda liberar al alma del ser de pecado, y librar el cuerpo de las cadenas del sepulcro. Esto es para que toda carne, conforme a la profecía de Jeremías 9:23-24.  Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.

Para aquéllos llamados por Dios, la cruz de repente tiene sentido. Lo que parecía una locura cuando estábamos afuera mirando hacia dentro, de repente se aclara al mirarlo desde dentro. Podemos ver que la cruz no es una tontería, sino la fuerza y la sabiduría de Dios. Es fuerte porque tiene el poder de salvar. Es sabia porque la muerte de Cristo en la cruz dice más claro que nada que el amor de Dios para nosotros no tiene límites. “Para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (v. 31). Si todas las cosas mencionadas en versículo 30 son obra de Cristo y no resultado de nuestros logros personales, ¿de qué nos jactamos? Nuestra sabiduría, justificación, santificación, y redención son obra de Cristo, no nuestra.  Solo podemos recibirlas como don de Dios.  

Entonces, ¿qué motivos tenemos para jactarnos?  Ninguno. Solo podemos jactarnos de que Dios ha sido bueno con nosotros, que no tenemos nada en nuestras propias manos que nos encomiende a Dios. Bendiciones.